El Identificador GDID de Windows: El rastreador oculto de Microsoft

Última actualización: 28 de julio de 2026
Autor: Vinagre
  • El GDID es un código único y persistente asignado a cada instalación de Windows que permite identificar el dispositivo incluso usando VPN.
  • Su existencia se hizo pública gracias a un proceso judicial donde el FBI lo utilizó para localizar a un ciberdelincuente.
  • No puede desactivarse manualmente sin afectar la activación del sistema operativo y el funcionamiento de la Microsoft Store.

Identificador GDID

Seguramente te suena que Windows tiene un montón de procesos moviéndose por debajo que ni sabemos para qué sirven. Pues bien, resulta que Microsoft ha metido un componente llamado GDID (Global Device Identifier) que, la verdad, no tiene ninguna pinta de gustar a los que nos importa nuestra privacidad. Lo más gordo es que este identificador es persistente y, según la propia compañía, no se puede desactivar sin cargarme la activación del sistema o las apps de la Store.

La noticia ha saltado a la palestra no precisamente por un comunicado amable de Microsoft, sino por un estrés judicial en Estados Unidos. Un caso contra un presunto hacker del grupo Scattered Spider reveló que el FBI pudo rastrear la actividad de un sospechoso a través de medio mundo gracias a que este código no cambia, aunque el usuario use VPNs o proxies para intentar pasar desapercibido. Vamos a desgranar qué es este invento y cómo nos afecta.

¿Qué demonios es el GDID y cómo funciona?

Para que nos entendamos, el GDID es como una matrícula digital única asignada a cada instalación de Windows. No es una cookie del navegador ni la dirección IP, que cambian constantemente. Este código identifica de forma exclusiva una instalación del sistema operativo, ya sea que estés usando un PC físico o una máquina virtual. Lo más curioso es que se genera automáticamente cuando vinculas tu Windows con una cuenta de Microsoft.

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Si nos ponemos técnicos, el proceso es una cadena de servicios. Primero, el proceso wlidsvc pide un PUID (un ID de Pasaporte) a los servidores de login.live.com. Una vez recibido, la Plataforma de Dispositivos Conectados (a través de cdp.dll) lo registra en el Directorio de Dispositivos de Microsoft. Al final, el código se guarda en el registro del sistema con un formato muy concreto: una g minúscula seguida de un número decimal.

Este identificador es extremadamente robusto. Sobrevive a las actualizaciones habituales de Windows y es utilizado internamente por la empresa para gestionar licencias, la Store y la Optimización de Entrega, que es el servicio que se encarga de que las actualizaciones se descarguen más rápido compartiendo datos entre equipos.

El caso Peter Stokes: Cuando la privacidad choca con la ley

El GDID pasó de ser un dato técnico aburrido a una herramienta de vigilancia masiva gracias al caso de Peter Stokes. Este joven fue detenido tras una investigación donde el FBI se dio cuenta de que, aunque el sospechoso usaba herramientas como ngrok y VPNs de Tzulo para ocultar su IP, el GDID de su instalación de Windows seguía siendo el mismo.

Los agentes pudieron trazar una línea temporal increíble. Vieron que el dispositivo con el GDID g:6755467234350028 visitó la web de registro de ngrok y, poco después, el sitio de una joyería de lujo atacada. Lo peor para el hacker fue que este código permitió vincular su PC con accesos a Facebook, Snapchat y Apple en diferentes países como Estonia, Tailandia y Estados Unidos, cruzando datos incluso con fotos que subió a redes sociales.

¿Podemos librarnos de este rastreo?

Aquí es donde la cosa se pone fea. A diferencia de Android o iOS, donde puedes resetear el ID de publicidad, en Windows no hay ningún botón de «desactivar». Microsoft ha admitido que es un componente esencial; si intentas borrarlo a la fuerza, lo más probable es que pierdas la activación de Windows o que las aplicaciones UWP dejen de funcionar correctamente.

Eso sí, hay algunas cosas que podemos hacer para que no nos sigan la pista tan fácilmente. La opción más efectiva es intentar usar una cuenta local en lugar de una cuenta de Microsoft, aunque cada vez es más difícil instalar Windows sin que te obliguen a iniciar sesión. También conviene ir a Configuración y desactivar los datos de diagnóstico opcionales y los anuncios personalizados.

Otros expertos sugieren desactivar la búsqueda de contenido en la nube en el apartado de Privacidad y Seguridad para que nuestras consultas locales no acaben en los servidores de Bing. Pero seamos sinceros: si alguien realmente necesita anonimato total (como periodistas o activistas), la única solución real es mandar Windows a paseo e instalar Linux a través de Tor.

La polémica por la falta de transparencia

Lo que más ha molestado a la comunidad de ciberseguridad no es que el identificador exista —ya que casi todo software necesita alguna forma de distinguir dispositivos— sino que Microsoft lo mantuvo oculto. No estaba en los manuales de usuario ni en los menús de configuración. La única mención estaba enterrada en una documentación técnica de Azure Monitor para desarrolladores.

El hecho de que la mayoría de los usuarios se hayan enteraran de esto a través de una denuncia judicial federal y no por la empresa es lo que ha encendido las alarmas. Nos deja claro que el control que tenemos sobre nuestra propia telemetría es, en el mejor de los casos, muy limitado.

Este sistema de identificación persistente convierte a Windows en una herramienta de seguimiento muy potente que ignora las capas de red como las VPN. Al estar anclado a la instalación del software y vinculado a la identidad de la cuenta, crea una huella digital imborrable que solo se elimina con un formateo limpio del disco, aunque incluso así, volver a iniciar sesión con la misma cuenta podría permitir a Microsoft relacionar la nueva instalación con la anterior.