- Creciente adopción de LibreOffice y Linux en gobiernos de Alemania, Dinamarca y Francia para alcanzar la soberanía digital.
- Implementación de estándares abiertos como ODF para eliminar la dependencia de proveedores tecnológicos estadounidenses.
- Sustancial reducción de costes en licencias y mejora de la ciberseguridad mediante el uso de código abierto.

Parece que en el Viejo Continente se ha hartado de jugar bajo las reglas de Silicon Valley. En los últimos tiempos, ha empezado a soplar un viento de cambio muy fuerte que empuja a las instituciones europeas a mandar a paseo el software privativo y a apostar por herramientas que no dependan de los caprichos o las leyes de empresas extranjeras.
No se trata solo de un capricho de cuatro informáticos idealistas, sino de una estrategia real para conseguir la llamada soberanía digital. Desde ayuntamientos hasta ejércitos, la tendencia es clara: menos Microsoft y más código abierto, buscando que los datos públicos estén bajo control europeo y no sujetos a normativas como el CLOUD Act de Estados Unidos.
El pulso entre The Document Foundation y la Comisión Europea
En medio de este tablero, The Document Foundation (TDF), los cerebros detrás de LibreOffice, no se han quedado de brazos cruzados y han saltado a la palestra con una crítica bastante dura. Resulta que la Comisión Europea, que se llena la boca hablando de estándares abiertos, ha tenido la mala cabeza de pedir comentarios sobre la ley CRA (Reglamento UE 2024/2847) usando exclusivamente plantillas en formato .xlsx de Microsoft Excel.
Para la TDF, esto es un auténtico chiste, ya que la ley CRA precisamente busca que las empresas adopten estándares libres y abiertos para reducir la dependencia tecnológica irresponsable. Al obligar a los usuarios a usar un formato propietario que a menudo da problemas de compatibilidad, la Comisión está haciendo exactamente lo contrario de lo que predica. Por eso, han pedido a la comunidad que firme en contra de este desplante y exijan el uso del formato ODF, que es el estándar internacional libre por excelencia.
Alemania da la lección en Schleswig-Holstein
Si hay alguien que se lo está tomando en serio, es el estado de Schleswig-Holstein. No se han andado con chiquitas y han lanzado un plan para migrar 30.000 estaciones de trabajo a LibreOffice y, posteriormente, pasar de Windows a Linux. No quieren que se repita el famoso «caso Múnich», donde la precipitación llevó al fracaso, por lo que están haciendo las cosas con calma, mediante fases de transición graduales y formación intensiva para el personal.
Los números hablan por sí solos: mientras que la migración ha costado unos 9 millones de euros, el ahorro anual en licencias se estima en unos 15 millones. Además, han implementado un ecosistema completo donde Nextcloud, Thunderbird y Jitsi sustituyen a SharePoint, Outlook y Zoom, creando un entorno de trabajo digitalmente soberano que no transfiere datos fuera de la Unión Europea.
Dinamarca y Francia: El efecto dominó
Dinamarca también ha decidido que ya es suficiente. Ciudades como Copenhague y Aarhus han roto sus contratos con Microsoft debido al estirón de los precios de las licencias y a la vulnerabilidad geopolítica. La ministra de Digitalización, Caroline Stage Olsen, ha dejado claro que no pueden seguir atados a tan pocos proveedores, especialmente en un contexto donde tensiones internacionales pueden provocar bloqueos de servicios, como ya ocurrió con el correo de la Corte Penal Internacional.
Por su parte, Francia no se queda atrás. La ciudad de Lyon ha anunciado un plan para sustituir Windows y Office por Linux y software libre para sus 10.000 empleados. Curiosamente, Lyon ha optado por OnlyOffice como alternativa a LibreOffice, aunque esto ha generado cierta polémica por los orígenes rusos del proyecto. Para evitar fricciones, han invertido 2 millones de euros en desarrollar su propia suite colaborativa, denominada «Territoire Numerique Ouvert».
Sectores críticos y la apuesta militar
Cuando el software libre llega al ámbito militar, la cosa se pone seria. El Ejército de Austria ha hecho el salto a LibreOffice buscando control total sobre su infraestructura y eliminando el riesgo de que un proveedor externo cambie las reglas del juego. En el sector defensa, la posibilidad de realizar auditorías independientes del código fuente es una ventaja de ciberseguridad innegociable.
Italia ha seguido una senda similar, con el ejército preparando la instalación de la suite en unos 150.000 equipos. Esta tendencia se apoya en leyes nacionales que obligan a las administraciones a elegir código abierto siempre que sea viable, entendiendo que si el software se paga con fondos públicos, su código debería ser accesible para todos los ciudadanos.
Euro-Office: ¿El nuevo pretendiente en la pelea?
En medio de este caos, ha surgido una iniciativa llamada Euro-Office. Se trata de un fork de OnlyOffice impulsado por un grupo de empresas potentes como Nextcloud, IONOS y OpenProject. Su objetivo es crear un frente común europeo que elimine la guerra entre LibreOffice y OnlyOffice para ofrecer una solución unificada que sea compatible con el GDPR y no dependa de jurisdicciones externas.
A pesar de que OnlyOffice ha acusado a los promotores de este proyecto de robar propiedad intelectual, Euro-Office busca facilitar la transición a los usuarios con una interfaz familiar y máxima compatibilidad con DOCX y XLSX, para que el cambio no sea un dolor de cabeza para los funcionarios que están acostumbrados a lo de siempre.
- La adopción de estándares abiertos como ODF es la clave para que los documentos sean legibles a largo plazo.
- El ahorro económico es masivo, permitiendo reinvertir el dinero de las licencias en servicios de programación locales.
- La migración gradual es la única forma de evitar el rechazo cultural de los empleados.
El camino hacia la independencia tecnológica en Europa está avanzado y parece no tener vuelta atrás. Con países como Alemania, Dinamarca, Francia e Italia liderando la carga, el uso de LibreOffice y Linux ha dejado de ser una utopía para convertirse en una estrategia de Estado basada en la seguridad, el ahorro y la soberanía de los datos.






